Sostenibilidad

 

“El verdadero sentido de la vida consiste en plantar árboles a cuya sombra no podrá probablemente sentarse nunca el que los plantó”. Quizá Nelson Henderson, que fue quien formuló este pensamiento, era jardinero. En cualquier caso, ciertamente demostró ser un sabio.

 

 

Su punto de vista está en evidente contradicción con lo que se estila y lo que cuenta hoy en la vida laboral. En muchas empresas, los jefes de departamento tienen que presentar a su superior un balance favorable en el plazo de dos años. La empresa no puede permitirse fases de sequía. Necesita resultados favorables como sea. Unos buenos resultados, contantes y sonantes, que se exigen a corto plazo. Otra cosa es si esos resultados siguen siendo favorables al empresario a largo plazo o si no son más que efímero humo de pajas. Pero eso no interesa generalmente al jefe de departamento. Un balance frío permite ver que la obsesión por grandes logros a corto plazo suele costar, a la larga, mucho dinero al empresario.

 

 

El movimiento ecologista propugna la denominada “economía sostenible”, según la cual sólo es buen economista quien piensa y organiza sus proyectos a largo plazo, teniendo en cuenta el medio ambiente y el mundo futuro.

 

 

Los grandes hombres nunca buscaron éxitos inmediatos, a corto plazo. Prefirieron plantar árboles aunque nunca pudieran sentarse a la sombra de sus rotundas copas. Levantaron catedrales sin verlas terminar. Pero soñaron con realizaciones capaces de transformar el mundo futuro. Las generaciones posteriores han cosechado los frutos de aquel trabajo. La verdadera grandeza se demuestra en la preocupación por los que vienen detrás, en la entrega en cuerpo y alma a la puesta en marcha de proyectos cuyos frutos cosecharán otros.

 

 

Anselm Grün