La furia hace bien

 

 

La furia es a menudo una importante fuerza que puede liberarnos de vivencias negativas y ayudarnos a distanciar de nosotros a individuos que nos han hecho daño. Al permanecer obsesionados lamiéndonos constantemente nuestras heridas, estamos otorgando un inmenso poder sobre nosotros a los mismos que nos las produjeron. Hay quienes se pasan el tiempo hurgando en sus heridas. La furia es entonces una colosal energía utilizable. Si siento furia contra quien me han hecho daño, puedo también tomar las oportunas distancias, separar mis problemas de los problemas ajenos. La furia es un primer paso para sentirme libre y curarme.

 

 

 

Sin embargo, nunca debemos permitir que nuestra vida quede a larga determinada y caracterizada por la furia y el enfado. Para no caer en ese peligro, un buen remedio puede consistir en dedicar un tiempo, antes de irse a dormir, a contemplar el enfado y rechazarlo. Así se evita que ese sentimiento se sedimente en el fondo del inconsciente durante las horas del sueño, para dejarse sentir al día siguiente en evidentes aunque difusas sensaciones de malestar. Si nos acostamos con sentimientos de enfado, perdemos capacidad de autocontrol, nos dejamos guiar por ese enfado y rencor que anidan en el inconsciente y actúan desde allí. “No dejes que el sol se ponga sobre tu ira. De lo contrario, vienen los demonios nocturnos, que te atormentan y te debilitan para la lucha del día siguiente. Las imágenes alucinantes de la noche surgen normalmente como efecto del estímulo del rencor. Y nada hay que predisponga tanto al hombre a capitular en la lucha como sus impulsos incontrolados”.
 
Cuando la ira ha llegado a infectar el inconsciente, el hombre pierde su control y queda expuesto al poder y los ataques de la ira. Y eso le desgarra.

 

 

Anselm Grün