Guardar silencio y admirar

 

 

 

«Los mejores amigos son aquellos con quienes se puede guardar silencio sobre las mismas cosas». Lo dijo un sabio muy reflexivo. Es cierto que el diálogo es parte de la amistad. En el diálogo nos comunicamos y, al comunicarnos, tocamos el misterio del otro, nos situamos recíprocamente más cerca. Podemos expresarnos libremente sin necesidad de pesar en la balanza la exactitud de cada palabra. Pero también el silencio es parte de la amistad. Una conversación apasionada de entusiasmo desemboca no raras veces en el silencio. De seguir hablando, estropearíamos los resultados de la conversación. El silencio da entonces mayor profundidad a nuestra intimidad.

 

 

Pero la sentencia citada al principio dice otra cosa. Dice que los amigos pueden guardar silencio sobre la misma realidad, sobre el mismo tema. ¿Cómo se puede guardar silencio sobre algo, siendo el silencio quietud pura?. No hay contradicción en ello. Guardar silencio sobre un tema no significa aparcar un tema candente que podría terminar en reyerta. Un silencio así equivaldría, en tal caso, a una estrategia preventiva. Yo creo que el silencio sobre el mismo tema quiere expresar la posibilidad de disfrutar juntamente de una cosa., por ejemplo, una puesta de sol, una sinfonía de Bruckner, un cuadro…

 

 

Los amigos se quedan de pie, en silencio admirativo, ante el espectáculo que se abre ante sus ojos en una excursión por la montaña. Disfrutan del panorama juntos. Cada uno deja que la admiración silenciosa invada al otro. No osan desgarrar la belleza de la creación. Guardan silencio juntos para que cale hasta el fondo lo que cada uno personalmente siente. Ya llegará el momento de ponderar en diálogo esta vivencia en el silencio.

 

 

Pero también es parte de la amistad la posibilidad de intercambiar experiencias profundas, en lugar de analizarlas con palabras. Cada amigo deja al otro a solas con su misterio, le abre un espacio de silencio. Ese espacio que me abre el amigo es distinto, en cuanto a calidad, del silencio que disfruto yo solo. El silencio compartido une, nos introduce en el misterio del ser, el misterio de Dios.

 

 

Anselm Grün