Descanso en un tiempo trepidante

 

 

Agustín, un verdadero maestro de la amistad, escribió esta famosa sentencia: sin un amigo, nada resulta amable.

 

 

Sin amigos, la vida es gris. La vida sin amigos pierde todo lo que es digno de ser amado. Agustín funda un círculo cristiano de amigos. No puede vivir sin amigos. Y sufre mucho cuando no se llega a un acuerdo final entre los amigos. Necesita amigos para explanarse con ellos hablando del misterio de la vida y del amor de Dios. Lo principal de su pensamiento lo desarrolla en conversaciones con amigos. Agustín no escribe sus libros en la soledad de su habitación, sino en contacto y relación con sus amigos. Le gusta deleitar a sus amigos con la ingeniosidad de sus pensamientos, procura dar respuesta a sus preguntas.

 

Una parte considerable de las obras de Agustín son sermones. Siempre resultan animados. La razón es que los escribe con la intención puesta en sus amigos. Esa intención puesta en los hombres, en sus aspiraciones y deseos, en sus necesidades, le obliga a buscar en los textos de la Biblia la respuesta adecuada a las más profundas inquietudes del corazón humano. Y los amigos le inspiran las maravillosas, por lo agudas y concisas, formulaciones de su pensamiento que ya conocemos.

 

Agustín se sintió abandonado, profundamente solo en muchas ocasiones, en las polémicas eclesiales y conflictos políticos de su tiempo. Su sensible corazón se dolía cuando le atacaban personalmente. Pero siempre se negó a responder empleando la misma dureza. En el círculo de amigos encontraba bienestar y refugio frente a la adversidad de su tiempo. Era una época en que se removían las raíces de Occidente y se desintegraba la cultura antigua. Roma, la orgullosa capital del Imperio, fue ocupada.

 

Los amigos significaron para Agustín una importante isla de reposo en medio de un tiempo trepidante. El círculo de los amigos era el lugar que permitía a Agustín soportar este mundo. Y era también para él un anticipo de la patria eterna: el cielo se hace realidad cuando nuestro corazón está no sólo con Dios, sino en compañía de todos los que, como nosotros, han buscado a Dios.

 

Anselm Grün