Calor de hogar

 

 

 

En la amistad se perciben sensaciones de bienestar como las que uno siente en su propia casa. Rainer Maria Rilke dice: «Todas las vivencias que experimento en el calor de mi hogar las revivo en la convivencia con los amigos». Donde hay amigos, allí hay un hogar.

 

Heinrich Zschokke manifiesta estos mismos sentimientos: «Quien carece de amigos va por el mundo como forastero en todas partes, sin pertenecer a nadie». En la época del rococó y de los estados absolutistas, era muy frecuente que los ciudadanos vivieran con la sensación de impotencia y de llevar una vida inútil. Entonces se convirtió la amistad en un santuario donde era posible reunirse con mentalidades afines y disfrutar las experiencias de una vida realizada y plena.

 

Como dijo Chateaubriand: «La gente buscaba refugio en la amistad con el corazón lleno dentro de un mundo vacío». La amistad se convirtió en un Santuario sagrado donde cada uno podía sentirse cómodo como en su propio hogar. Lo que la gente sentía entonces sigue siendo verdad también ahora. En nuestro tiempo hay mucha gente que vive el anonimato de la masa. Son necesarios remansos de bienestar y de paz donde yo pueda sentir acogida y calor de hogar. También hoy se puede decir: Donde están mis amigos, allí está también mi hogar.

 

Anselm Grün