Conocerse

 

 

 

La amistad y el amor son dos fuerzas con poder suficiente para sacar al hombre de su aislamiento y poner en su vida nuevas motivaciones con sentido. No se trata de un procedimiento para eliminar la soledad, sino de su transformación. Ciertamente, la amistad auténtica y el amor verdadero necesitan también espacios de soledad interior. Rainer Maria Rilke afirma del amor de amistad: «El amor consiste en el apoyo afectivo que dos personas se prestan mutuamente». Si el otro respeta mi soledad sin dejar por ello de amarme, mi soledad queda libre de toda amenaza de peligro. Mi soledad se convierte en el lugar exacto donde puedo ser uno en mi totalidad. Esa unidad en mi totalidad es la condición para poder formar unidad con el amigo.

 

 

La amistad es siempre un excelente medio de conocer al otro en su verdadera esencia. Dice con razón Agustín: «Sólo en la amistad puede una persona conocer bien a otra». A través de la amistad puedo llegar al corazón del amigo y percibir en él todos sus sentimientos de exaltación o de depresión, todo cuanto piensa y siente. Puedo ver lo que le motiva o le inhibe. No me pongo a emitir juicios de valor; me limito a observar y a recibir en mí lo que observo. Quien ha llegado a conocer en toda su profundidad a un amigo, se ha capacitado al mismo tiempo para ver a los demás con mirada más penetrante. Eso le obligará a ser respetuoso y a renunciar a juzgarlos. La amistad le ha capacitado para poder ver a otras personas sin prejuicios.

 

 

Muchas veces la amistad evoluciona y se transforma en amor, de la misma manera que todo amor puede evolucionar en dirección a la amistad. Los psicólogos han comprobado que los matrimonios contraídos tras largos años de amistad permanecen más fácilmente estables que aquellos en los que no ha habido más que la pasión del «flechazo». Pero también los que se casan por un «flechazo» pueden evolucionar en su amor y hacerse, además, amigos. Si la motivación de un matrimonio se basa únicamente en el atractivo y los encantos corporales, sucede luego con frecuencia que muy pronto las parejas ya no tienen nada que decirse. Sin embargo, si después de los primeros desengaños aprenden a salir de sí y a establecer un mutuo intercambio de intereses comunes, entonces el amor puede engendrar una verdadera amistad, la cual dará profundidad al amor, y éste hará fecunda la amistad.

 

 

Anselm Grün