Misterio absoluto

 

Entrar dentro de uno mismo con la imaginación. Oscuridad y vacío interiores. Moverse hacía el centro del ser. Imaginar que se ven allí diminutas llamas de amor que apuntan en dirección a Dios…

 

Dios es tan inefable que no se puede explicar. Dios es lo Incomprensible. El Misterio absoluto. Al olvidarnos de esto, formamos un ídolo de conceptos. Dios se manifiesta en la vida, y ésta, si la metemos en conceptos, nos resulta tan misteriosa como Dios. Sólo podemos conocer la vida viviendo, y a Dios sólo llegamos viviendo y conociéndonos.

 

San Juan de la Cruz se pregunta: “¿Qué hacemos nosotros al hablar de Dios?” El intuye la imposibilidad de encerrar a Dios en palabras y sólo lo expresa con poesía. Sólo con analogías que en nada se parecen a Él. Santo Tomás de Aquino dice: “Todo el intelecto humano es incapaz de describir la esencia de una hormiga. ¡Cuánto más la esencia de Dios!” Pero quizá mirando la esencia de esa hormiga podamos acercarnos a la esencia de su Creador. Las ideas son las que nos confunden y pueden ser un gran obstáculo para conocerlo.

 

Las mismas preguntas que se hacen acerca de Dios son absurdas. Dionisio —el místico— dice: “Él no es luz ni tinieblas; no es persona, ni bueno, ni malo, ni esta cosa ni la otra, pues a El no se lo puede encerrar en una palabra.”

 

Anthony de Mello