El colectivo por Memoria, Verdad y Justicia presentó una obra artística recordando a las víctimas

Con la atención puesta en las víctimas del terrorismo de estado nacidas en Saladillo o hijas de saladillenses, se llevó a cabo un acto conmemorativo en el paseo de la Memoria, organizado por el Colectivo por Memoria, Verdad y Justicia.

Este Colectivo, obtuvo un número de personas víctimas, ampliando la información que se tuvo durante muchos años, que señalaba que la única víctima del terrorismo nacida en nuestra ciudad había sido Horacio Pedraza. También se conocía a Luis García cuyos familiares viven en Saladillo. Por ello, decidieron realizar un homenaje distinto, con una obra artística que los recuerde a todos ellos.

Stella Dortona, integrante del Colectivo y familiar de uno de ellos, leyó un documento. Se proyectó un video contando quiénes eran y se descubrió la obra recordatoria. Finalmente, los familiares rodearon la obra y pudieron expresarse.

 

Víctimas de Terrorismo de Estado nacidas en Saladillo

Noemí Esther Giannetti (Godoy) de Molfino

FN: 8/5/1925

Asesinada el 19/7/1980 en Madrid, España

 

Osvaldo Roberto Rodríguez (Duarte)

FN: 23/11/1929

Secuestrado el 27/1/1977 en Avellaneda (Identificados sus restos)

 

Roque Miguel Núñez (Dortona)

FN: 24/2/1946

Secuestrado el 23/4/1976 en Florida, Vicente López

 

María del Carmen Núñez (Dortona) de Lizaso

FN: 10/5/1944

Secuestrada el 26/4/1976 en “Café de los angelitos”

 

Horacio Vital Pedraza (García Guerra)

FN: 25/5/1948

Secuestrado el 6/2/1977 en La Boca (Capital Federal)

 

Víctimas de Terrorismo de Estado hijas de saladillenses o vinculadas a Saladillo

Haydeé Noemí Zagaglia (Freddi) – Hija de Bernardo Zagaglia, de Cazón-

FN: 9/4/1949 en Ramos Mejía

Secuestrada el 16/7/1976

 

Luis Ángel Dadone (Hansen) – hijo de la saladillense Juana Hansen-

FN: 21/12/1939 en Junín

Secuestrado el 17/5/1977

 

Roberto René Fueyo (Pedraza) –hijo de María Angélica Pedraza-

FN: 20/7/1954 en La Plata

Secuestrado el 29/10/1976

 

Luis Daniel García (Ganchegui) –sus padres y un hermano viven en Saladillo-.

FN: 16/1/1955 en Capital Federal

Secuestrado el 12/8/1976 en Caballito, Capital Federal

 

Antonio Enrique Piovoso (Mengarelli) –hijo de Elsa Mengarelli y Héctor Piovoso-

FN: 13/8/1953 en La Plata

Secuestrado: 6/12/1977 en La Plata

 

Marcela Molfino (Giannetti) de Amarilla. –hija de Noemí Giannetti-

 

El documento leído en el acto

Mi nombre es Stella Maris Dortona, soy familiar de víctimas de terrorismo de Estado y, lamentablemente, justamente por eso, estoy acá.

Estoy acá como miembro, como integrante de un colectivo. Como pasajera de ese transporte que uno aborda sin saber muy bien con quién, pero sabiendo adónde quiere llegar. Sabiendo que los otros, los compañeros de viaje, van hacia el mismo destino. Todos distintos. Todos distintos, sí, pero con un destino común: el de nombrar. El de decir. El de empezar a decir. El de empezar a escribir. Escribir para que algo empiece a inscribirse. A arraigarse. A encarnarse. A tomar forma.

 

Es cierto: tal vez sea muy iluso, de nuestra parte, creer que al escribir los nombres de nuestras víctimas logremos horadar, aunque más no sea un poco, el muro ignominioso del silencio. Del largo y profundo silencio al que sometimos a Noemí Giannetti y a su hija, Marcela Molfino.

A Osvaldo Rodríguez.

A Luis Ángel Dadone.

A Haydeé Zagaglia.

A Antonio Piovoso.

A María del Carmen y a Roque Núñez.

A Roberto Fueyo…

Porque hasta ayer, sí, hasta ayer nomás, sólo supimos de Horacio Pedraza y de Luis García. Y cada 24 de marzo los nombramos. Los nombramos como si no hubieran tenido compañeros de lucha, de militancia. De sueños.

 

Pero ahora, pero a partir de ahora, empezarán a estar menos solos.

Y por eso, también, para no dejarlos tan solos, tan solos otra vez, es que nos reunimos hoy, los que estamos, los que pudimos, los que quisimos, los que nos animamos…

Y nosotros, los saladillenses que estamos acá, al menos, y tal vez algunos otros, queremos dar a conocer nuestra vergüenza. La vergüenza de haber silenciado, de haber ocultado, de haber callado durante todos estos años los nombres de nuestros asesinados y desaparecidos por razones políticas. La vergüenza de saber que haber ocultado esas existencias, de haber escondido esas historias nos ha vuelto un poco victimarios, también. No como los perpetradores, ciertamente, pero casi. Porque al ocultarlos, los re victimizamos. Porque al no inscribirlos, abonamos a su desaparición. Porque al ignorarlos, pretendimos continuar con nuestras pobres viditas como si ninguna responsabilidad nos cupiera en la ardua tarea de escribir la historia.

 

Pero hoy, gracias a la corta pata de la mentira, que, francamente parece que puede ser bastante larga, estamos acá. Estamos en este Pasaje de la Memoria…

Pasaje de la Memoria… ¿Un pasaje que nos pasa, o que nos ancla? Un Pasaje que nos pasa ¿adónde? ¿Un Pasaje que nos pasa o que nos deja?

No sabemos. Todavía no sabemos. Estamos tratando de saber.

Estamos, simplemente, tratando de decirnos.

 

Y acá hay familiares: hermanos, sobrinos, tíos…

Hay amigos…

Hay gente franca y profundamente comprometida. Tal vez haya también oportunistas. Demagogos… Pero lo que no hay hoy acá, es ausencia. Lo que no hay hoy acá, es silencio. Porque los nombres de nuestras víctimas son un grito que nos grita. Que nos convoca. Que nos interpela.

Los saladillenses hoy, es cierto, no van a hablar. Pero eso no es silencio, eso es saber callar lo siempre dicho para darle lugar a otras voces. A esas voces nunca antes escuchadas. Por eso hoy no habrá oradores: porque ya hemos hablado largamente sin decir lo que debió haber sido dicho: sus nombres.

Así que, reitero sus nombres. Los reitero para que se nos graben, para que empecemos a interesarnos por sus historias que, en definitiva, hablan de nosotros:

Mima,

Marcela,

Osvaldo,

Roque,

María del Carmen,

Horacio,

Haydee,

Luis Ángel,

Roberto,

Antonio,

Luis Daniel…  que, en su corporeidad oculta en la desaparición forzada, son hacedores de nuestra historia negada por 41 años.

 

Pasa que la historia, aunque no sea escrita, nos escribe. Aunque no sea leída, nos lee. Y aunque no nos mencione, nos nombra: no hay escapatoria.

Pero hoy, a partir de nombrarlos, de escribirlos, de inscribirlos… seremos más nosotros. Más verdad. Más memoria. Más justicia.

 

Nosotros, los integrantes de este colectivo en formación del que les hablé al principio, no creemos que se trató de una guerra. No adherimos a la teoría de los dos demonios. Nosotros estamos convencidos de que acá, en nuestro país, hubo terrorismo de Estado porque, además de haber instaurado un gobierno de facto (con apoyo civil, eclesiástico y empresarial), se interrumpió la vida institucional del país, aplicando principios y prácticas contra el estado de derecho.

 

Nosotros, como colectivo, estamos convencidos de que las Fuerzas Armadas diseñaron y ejecutaron un plan sistemático para desaparecer personas, apropiarse de niños nacidos y por nacer, robar muebles e inmuebles de las víctimas…

 

Nosotros, como colectivo, decimos que son 30 mil las víctimas. Y decimos ese número con la misma convicción con la que los judíos dicen 6 millones. O sea, sin haber podido contarlos. Sin haber tenido cuerpos para sumar porque, francamente, sería más aliviador, por espantoso que suene, poder decir son 8.704, 11.653 o 30.009… No podemos, porque muchas (demasiadas) madres, padres, hermanos, amigos… no tuvieron un cuerpo para velar, para enterrar, para bañar con lágrimas… tal como manda la tan mentada civilización occidental y cristiana a la que los perpetradores proclamaron adherir. No, no tuvimos. Y, entonces, ante la imposibilidad de que el río o el mar nos den una cifra, decimos 30.000.

 

Nosotros, como colectivo, consideramos que ese plan sistemático no buscó, únicamente, exterminar a quienes se oponían activamente al desmantelamiento del aparato productivo para que fuera reemplazado por la patria financiera. El plan sistemático de desaparición forzada de personas no buscó, solamente, continuar con la proscripción, el endeudamiento, la sumisión de nuestro país… No, no solamente. Porque el terror que las desapariciones, el robo de bebés, las torturas, los centros clandestinos de detención, las mentiras publicadas… buscaban, además de lo dicho, fue la ruptura de los lazos sociales. El miedo al vecino. La desconfianza. La delación. El Por algo será. Andaba en cosas raras… argumentos falaces tendientes a tranquilizar las conciencias.

 

Después llegaron otros tiempos. Tiempos de verdades reveladas.

Tiempo de Madres.

Tiempo de Abuelas.

Después, tiempo de Hijos.

De Familiares y Amigos.

Y de Nietos Recuperados.

 

Llegaron, también, los juicios. Juicios por la verdad. Juicios con castigo y juicios sin castigo.

Los reconocimientos internacionales.

Llegaron, también, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Los indultos…

 

Después se bajaron los cuadros.

Después se promulgó la inconstitucionalidad de las leyes del perdón…

Después… Después…

 

Y nosotros siempre, durante todos esos años, solo dijimos Horacio. Solo dijimos Luis.

Y ahora, recién ahora, estamos empezando a decir Noemí,

Marcela,

Osvaldo,

Roque,

María del Carmen,

Haydee,

Luis Ángel,

Roberto,

Antonio…

 

Pero la historia de un pueblo, como la de las personas, no se escribe de una vez y para siempre: se escribe en borrador, siempre en borrador, siempre con la posibilidad de tachar, enmendar, reescribir… Y hoy, queridos familiares, amigos, compañeros… estamos haciéndole lugar a la oportunidad: estamos comenzando un nuevo borrador. Comenzando una nueva escritura que, aunque la escribamos con firmeza, sabemos que no es definitiva. Pero es necesaria.

Justo y necesario es comenzar a bordear ese vacío. Justo y necesario es comenzar a balbucear alrededor de esos silencios. Y elegimos hacerlo así, pronunciando los nombres largamente silenciados de nuestras víctimas para intentar correr, aunque más no sea un poco, el velo que alimenta la negación.

Porque nosotros, como colectivo, sostenemos que nada digno se puede construir sin Memoria, sin Verdad y sin Justicia.