Mirar la luna

 

“Cuando el sabio señala la Luna, el necio se queda mirando el dedo.” Eso es lo que ocurre con las religiones cuando quieren atrapar la verdad.

 

A Krishnamurti lo quisieron entronizar como jefe de la orden que lo había educado, pero él, en el discurso que dijo el día en que lo querían  entronizar,  desbarató todo. Manifestó: “No podéis seguirme, ni a mí ni a nadie. El día que sigáis a una persona, dejará de existir la verdad.” Si seguimos a alguien  nos  quedamos con la fórmula: hay que ser un iluminado, no seguir a los iluminados. Hay que mirar la luna, no quedarse mirando el dedo.

Quizás una prostituta pueda entrar en el Cielo antes que una monja, porque la prostituta, a fuerza de vivir y conocer la vida, puede llegar a amar, pero la monja, por tratar de amar a Dios, puede dejar de amar a todo el mundo.

Anthony de Mello