Experimentar

 

Sólo nos separan las palabras y los conceptos. Dios es sólo uno y no se deja encerrar.

 

El Maestro imprime su sabiduría en el corazón de sus discípulos, no en las páginas de un libro. El discípulo debe llevar oculta esta sabiduría en su corazón durante treinta o cuarenta años, hasta encontrar a alguien capaz de recibirla. Tal es la tradición del zen.

 

El Maestro zen Mu-nan sabía que no tenía más que un sucesor: su discípulo Shoju. Un día lo hizo llamar y le dijo: “Yo ya soy un viejo, Shoju, y eres tú quién debe proseguir estas enseñanzas. Aquí tienes un libro que ha sido transmitido de Maestro a Maestro durante siete generaciones. Yo mismo he añadido al libro algunas notas que le serán de utilidad. Aquí lo tienes. Consérvalo como señal de que eres mi sucesor.”

 

“Harías mejor en guardarte el libro”, replicó Shoju. “Tú me transmitiste el zen sin necesidad de palabras escritas y seré muy dichoso de preservarlo de este modo.”

 

“Lo sé, lo sé…”, dijo con paciencia Mu-nan. “Pero aun así el libro ha servido a siete generaciones y también puede ser útil para ti. De modo que tómalo y consérvalo.”

 

Se hallaban los dos hablando junto al fuego. En el momento en que Shoju tocó el libro con sus dedos, lo arrojó al fuego. No le apetecían nada las palabras escritas.

Mu-nan, a quien nadie había visto jamás enfadado, gritó: “¿Qué disparate estás haciendo?”

Y Shoju le replicó: “¿Qué disparate estás diciendo?”
El Maestro habla con autoridad de lo que él mismo ha experimentado. Nunca cita un libro.

Anthony de Mello