Dios es el perdón

 

 

El pecado es una enfermedad de la esclavitud: pecas si eres esclavo de la Ley; pero sí eres consciente de que Cristo te liberó, eres libre, y la libertad de la que habla Jesucristo es la de estar despierto.

 

Cierta vez, una mujer que creía tener visiones de Dios fue a pedir consejo al obispo. Éste se expresó así:

—Usted puede estar creyendo en ilusiones. Debe entender que como obispo de la diócesis, yo soy quien puede decidir si sus visiones son verdaderas o falsas.

—Sí, Excelencia.

—Ésa es mi responsabilidad, es mi deber.

—Perfectamente, Excelencia.

—Entonces, deberá hacer lo que le ordene.

—Lo haré, Excelencia.

—Entonces escuche: la próxima vez que Dios se le aparezca, como dice que se le aparece, usted hará una prueba para saber si es realmente Dios.

—De acuerdo, Excelencia. Pero ¿cómo es la prueba?

—Dígale a Dios: “Por favor, revéleme los pecados personales y privados del señor obispo.” Si es Dios el que se le aparece, le revelará mis pecados. Después vuelva aquí y cuénteme…, pero a nadie más. ¿Está bien?

—Así lo haré, Excelencia.

Después de un mes, ella pidió una entrevista con el obispo, quien le preguntó:

—¿Dios se le apareció de nuevo?

—Creo que sí, Excelencia.

—¿Le hizo la pregunta que le ordené?

—¡Por cierto, Excelencia!

—¿Qué dijo Dios?

—Dios me dijo: “¡Ve a comunicarle al obispo que me olvidé de todos sus pecados!”

Anthony de Mello