El juego de la santidad

 

Aún hay mucho fanatismo por miedo a perder una imagen a la que nos aferramos.

 

Bayazid, el santo musulmán, actuaba a veces deliberadamente en contra de las formas y ritos externos del  Islam.

 

Sucedió una vez que, volviendo de La Meca, se detuvo en la ciudad iraní de Rey.

 

Los ciudadanos que lo veneraban acudieron en tropel a darle la bienvenida y ocasionaron un gran revuelo en toda la ciudad. Bayazid, que estaba harto de tanta adulación, aguantó hasta llegar a la plaza del mercado. Una vez allí, compró una hogaza de pan y se puso a comerla a la vista de sus enfervorizados seguidores. Era un día de ayuno del mes de Ramadán, pero Bayazid consideró que su viaje justificaba plenamente la ruptura de la ley religiosa.

 

Pero no pensaban igual sus seguidores, que de tal modo se escandalizaron de su conducta que inmediatamente lo abandonaron y se fueron a sus casas. Bayazid le dijo con satisfacción a uno de sus discípulos: “Fíjate cómo, en el momento en que he hecho algo contrario a lo que esperaban de mí, ha desaparecido la veneración que me profesaban.”

 

 

Jesús escandalizó completamente a sus seguidores por parecidos motivos.

 

Las multitudes necesitan un santo a quien venerar, un gurú a quien consultar.

 

Existe un contrato tácito: “Responderás a nuestras expectativas y, a cambio, te ofrecemos nuestra veneración.” ¡El juego de la santidad!

 

Anthony de Mello