El maestro

 

El método que recomendaba santa Teresa: “Mira que te mira.” Verlo a Él que te mira, amante, humilde. Deja que te ame.

 

 

EI místico del siglo XVI, Ignacio de Loyola, decía que, en el momento de su conversión, no tuvo a nadie que lo guiara, sino que el Señor en persona lo instruyó como un muestro instruye a un niño.

 

Y al final llegó a decir que, aunque fueran destruidas todas las Escrituras, él seguiría creyendo lo que ellas revelan, porque el Señor se lo había revelado a él personalmente.

 

Yo no he tenido la misma suerte que Ignacio, Señor. Por desgracia, ha habido demasiadas personas a las que he podido acudir en busca de orientación.

 

Y ellas me han acosado con sus constantes enseñanzas, hasta que, debido al estrépito, apenas he podido escucharte a ti, por más que me esforzara.

 

Nunca he tenido la fortuna de obtener un conocimiento de ti de primera mano, porque esas personas solían decirme: “Nosotros somos los únicos maestros que has de tener; quien nos

escucha a nosotros a Él lo escucha.”

 

Pero no tengo razón para echarles la culpa o para lamentar que hayan estado presentes en los primeros años de mi vida. Es a mí a quien debo culpar.

 

Porque no he tenido la suficiente firmeza para silenciar sus voces, ni el valor para buscar por mí mismo, ni la decisión de esperar a que Tú hablaras, ni la fe en que algún día, en algún lugar, habrías de romper tu silencio y me hablarías.

Anthony de Mello