Tocar nuestra fragilidad

 

Santa Teresa de Jesús en su “Moradas o Castillo interior” pinta el camino del conocimiento interior como un castillo con muchas moradas, siete moradas para ser precisos. La primera de esas moradas espanta a todas las personas porque en ella tomamos contacto con nuestras fragilidades más crudas. Se requiere mucho valor para permanecer en esa morada, incluso si logramos adelantar hacia otras moradas es conveniente volver a la primera cada tanto porque es ahí donde nos mantenemos en contacto con nuestra realidad, con nuestra verdad, es fuente de humildad necesaria para nuestro crecimiento y maduración.

 

 

Para llegar a nuestro centro interior necesitamos practicar la humildad “Te alabo, Padre, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños”. No es la ciencia la que nos va a decir cómo es nuestra verdadera esencia, aunque puede ayudarnos; tampoco nos ayudará la prudencia, para esto quizá la prudencia tenga más que ver con el miedo y el amor es riesgo, hay que correr el riesgo.

 

 

Caminar hacia nuestro interior, caminar hacia nuestra verdad es el único camino necesario para “ver”, el único camino necesario para “despertar”.

 

Graciela Goñi

Acompañante espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María