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Puede resultar duro no ser invitado a un banquete, pero más duro aún, sin duda, es ser invitado y una vez dentro no poder disfrutar. Esta es tantas veces nuestra condición: se nos ha invitado al banquete de la vida, y nosotros, ciegos y sordos, duros de corazón nos obstinamos en participar equivocadamente en la fiesta alejándonos del resto, pensamos que con la sola presencia ya estamos participando pero no nos relacionamos, no compartimos, parecemos islas que no nos tratamos con nadie. Pobres de los hombres y mujeres que no pueden reconocer la belleza del mundo, la belleza que hay en lo profundo de sus seres, la belleza que hay en todo lo creado.

 

Cuántas personas que no conocen un camino espiritual, que no conocen de una vida interior la profundizarían y se regocijarían con sus frutos y, sin embargo, cuántos que la conocen eligen quedarse con una vida superficial y mediocre, una vida sin Vida. Vivimos rodeados de milagros maravillosos que embellecen nuestras vidas, podemos contemplar el sol y la luna, percibir en el rostro la brisa suave del viento, gustar la comida diaria, caminar por nuestros medios… tenemos a quien amar!!! tenemos tanto y, sin embargo… ¡Cuántos que ni siquiera se dan cuenta!

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María