Trigo y cizaña

 

El bien y el mal están muy mezclados. no hay simplemente buenos y malos. En las personas buenas, hay no poco de mal, y en las malas, hay cosas buenas. En nuestros corazones también hay sentimientos buenos y otros no tan buenos, y algunos que parecen buenos y cuando los dejamos crecer, por los frutos nos damos cuenta que no eran tan buenos por lo menos para nosotros.

 

Parte de lo que significa ser humano es que todos nos esforcemos en desplegar lo mejor de nosotros mismos, pero a menudo fallamos. El verdadero mal no está en que fallemos sino en seducir a otros para que hagan aquello que los destruye espiritualmente; el verdadero mal reside en prestar mayor atención a la hierba mala que crece en el corazón ajeno y no poder ver nuestra propia hierba mala. El verdadero mal está en juzgar, en apartar, en excluir.

 

Buscar desarrollar la plenitud de nuestro Ser interior y ayudar a que otros puedan encontrarse con ese camino es tarea de todos. De allí brotan los mejores frutos. Como dijo San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María