Perdonar

Para poder perdonar a los demás es necesario conocer en profundidad y sin medios velos todas nuestras miserias. Sólo cuando descubrimos que en las mismas circunstancias que rodean a los otros, con sus mismas historias de vida, con sus mismas heridas, con sus mismas fragilidades y limitaciones  podríamos haber cometido los mismos, o quizás peores, errores que cometieron ellos, podemos perdonar de corazón.

 

Si nuestra vida interior es suficientemente rica como para contemplar la belleza de la vida no vale la pena darle paso al vendaval de la ira ajena para que arrase con todo nuestro paraíso. La ira ajena es del otro, que quede en el otro. El tesoro de mi vida interior es mío, lo puedo abrir para compartir pero no para que lo destruyan, quédate con tu ira yo me quedo con mi tesoro.

 

Dicen que para perdonar hay que olvidar; si olvido no hay perdón, hay olvido pero qué grandeza cuando recordando decido perdonar. Ahí, perdonar significa que  para mí hay otros valores que son más importantes y que no estoy dispuesto a perder.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María