Familia del Espíritu

 

En las reuniones o lugares donde se encuentran distintas personas, es muy común que éstas comiencen a agruparse por alguna afinidad común, ya sea la profesión, los gustos, los pensamientos… también ocurre esto con quienes se ocupan de desarrollar y mantener una vida interior sana.

 

Es tan fuerte esta necesidad y tan saludable esta práctica de encontrarse y compartir ese tesoro interior que se la puede comparar con los afectos y sentimientos familiares ¡y aún más… si pensamos que no todas las familias se llevan bien!

 

La vida interior crece cada vez más cuánto más se la comparte. Escucharse y compartir; compartir la vida, los sentimientos, las dificultades… compartir…se, refuerza vínculos, solidifica relaciones, acrecienta el respeto y el sentimiento de alteridad.

 

La otra persona es un “otro” distinto en muchos aspectos pero existe una “profundidad compartida” que nos unifica y revitaliza como “familia”.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María