Templo sagrado

 

Nuestro espíritu es como un templo sagrado. Nos hace bien acudir a Él, acallar nuestra mente para escuchar sólo su palabra, que nuestras acciones broten de ese lugar. Entrar allí es pura gracia para nuestra vida.

 

Algunas veces entramos a ese templo con sinceridad de corazón y con la sencillez de un niño, buscando ese horizonte que nos lleve a la felicidad; otras tantas, quizás más de lo que pensamos, nuestras intenciones ocultas (para nosotros mismos) son otras… que las cosas se resuelvan como yo quiero, salvarme de alguna situación apurada, prestigio frente a otros, etc. Sin darnos cuenta ponemos la espiritualidad al servicio de las cosas materiales.

 

Lo cierto es que lo que recibimos es absolutamente gratuito y es lo que más necesitamos para crecer y madurar. Nuestro aprendizaje pasa por descubrir y entender por qué y para qué recibimos lo que la vida nos va alcanzando.

 

Cuanto más vacíos vamos, sin nada que pedir ni ofrecer, dejando de lado nuestras preocupaciones, nuestros deseos, nuestras esperanzas; con la única expectativa de estar ahí, más nos llenamos de vida. Ahí, en silencio. El silencio siempre es más fructífero.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María