Morir para vivir

 

Hay en el ser humano una ambición de apropiación, de voluntad de poder, de sometimiento, de necesidad de autoafirmación. Todo, personas, situaciones, cosas, se utilizan entonces para este fin, pervirtiéndolo y sembrando en el mundo la oscuridad. Porque el ser humano no está hecho para este fin, sino también para la oblación o entrega.

 

Vivir y morir o mejor, morir al egoísmo para alcanzar la verdadera vida, la vida del amor de entrega generosa a los demás, que es también la mejor manera de amarnos, que el sufrimiento ajeno y propio nos permita humanizarnos y formar una verdadera comunión con la comunidad.

 

Las personas realizadas se entregan, es en esa entrega precisamente donde se ve su realización. Si el grano de trigo no muere, no da fruto, si el ser humano no se entrega y olvida de sí, difícilmente llegará a ser humano.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María