Bienaventurados

 

Las personas buscamos la felicidad y creemos poder hallarla en el egoísmo. Creemos que el poseer, el dominar, el triunfo implican gozar y disfrutar la vida y nos conducen a la felicidad. Todo en esta vida es perecedero y esas cosas tarde o temprano se acabarán. Lo único que no se acaba, que permanece para siempre, es nuestra esencia. La verdad que habita en lo profundo de nuestro ser.

Nos cuesta darnos cuenta que vaciarnos de pensamientos, imágenes y sentimientos nos ayuda a escuchar esa verdad que habita en nuestro interior. Nos cuesta entender que quedarnos quietos por un rato nos permite percibir la energía que nos envuelve y nos habita. Nos cuesta reconocer que enfrentar nuestras sombras, iluminarlas e incorporarlas a nuestra verdad nos hace más auténticos y libres. Nos cuesta reconocer que en el silencio nos encontramos con nuestro verdadero ser y que sólo desde allí nos encuentro de verdad con los demás. Nos cuesta entender que el dolor nos permite ser más sensibles frente a los padecimientos ajenos. Nos cuesta aprender a estar en paz en nuestro interior para poder vivir en paz en medio de las dificultades.

La felicidad que nunca muere se encuentra en el Amor, en el amor que se da sin esperar nada a cambio. Dos personas que se han encontrado a sí mismas se encuentran también en la mirada. En la mirada se pone de manifiesto lo que somos. En la mirada reconocemos si hay transparencia interior. El amor nos regala una mirada transparente. Eso es felicidad.

Graciela Goñi
Acompañante Espiritual
Centro de Espiritualidad Santa María