Aprendiendo a orar

 

La vida que reposa en el centro de mi ser me acepta y valora como soy de manera incondicional, no sólo respeta mi libertad sino que espera que siempre sea capaz de vivir en esa libertad, siempre busca mi bien y dispone todo para que saque provecho aún de los momentos que me parecen más duros, por eso debo estarle siempre agradecida

.

Por esos motivos es bueno para mi existencia ponerme en contacto, en conexión con esa vida que me habita, en este caso estar en contacto no es solo hablar, sino también saber escuchar, algo a lo que no estamos demasiado acostumbrados ni siquiera con nuestros semejantes.

 

Orar, meditar, cada uno puede ponerle el nombre que quiera, no es encerrarme y descargar todos mis problemas y preocupaciones; está bueno que tengamos esas descargas pero para eso están nuestros familiares o amigos; orar es despejar nuestra mente y nuestro corazón para vivir ese momento tomando conciencia de la plenitud que somos y, a su vez, del universo al que pertenecemos.

 

Orar es tener presente nuestras fragilidades y las necesidades de los que más padecen, sean quienes sean, orar es reconocer lo que tenemos que aceptar y por lo que tenemos que luchar, orar es aprender a elegir siempre aquello que nos hace verdaderamente felices porque nos ayuda a desplegar nuestro potencial.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María