El poder de una vela

 

En Sudáfrica, durante el apartheid, la gente solía encender velas en las ventanas como signo de esperanza de que un día se vencería aquella injusticia, pero llegó el momento, en que el gobierno decidió prohibirlo. Colocar velas encendidas en las ventanas se volvió tan ilegal como portar un arma de fuego. Los niños no dejaron pasar la ironía de tal prohibición, pronto comenzó a circular una broma entre ellos: “el gobierno tiene miedo de las velas”.

 

 

 

Como sabemos el apartheid fue finalmente superado. Cuando uno reflexiona sobre las fuerzas que contribuyeron a lograrlo resulta evidente que las velas, las velas encendidas, resultaron finalmente más poderosas que las armas de fuego. La esperanza es más poderosa que cualquier ejército, pero… ¿Qué es la esperanza? Muchos de nosotros la confundimos con el deseo de que algo suceda. No son lo mismo. El deseo de que algo pase tiene que ver pura y simplemente con la fantasía, puedo por ejemplo, desear ganar un millón de dólares, pero eso no tiene conexión con la realidad, es una ensoñación y uno no enciende una vela por una ensoñación.

 

 

 

La esperanza se basa en una promesa, la promesa de Dios que dice que, a pesar del pecado y el poder humanos, la justicia, la paz, el amor, la armonía, la gentileza y la amabilidad se harán finalmente realidad; encender una vela entonces,  es decir que la gentileza y la amabilidad son, en última instancia, más poderosos que las amenazas, las torturas y las armas. Encender una vela es proclamar al mundo que nuestra auténtica lealtad es para algo y para alguien más allá de todo eso; el gobierno tuvo razón en sentirse paranoico acerca de las velas. Una vela encendida es una poderosa declaración de esperanza.

 

 

Ronald Rolheiser