Extrañar

Ya ha transcurrido  un año del día que decidiste tomar tus cuadernos garabateados y tus lápices y decidiste hacerlo desde el cielo.

Como viajera  del mundo, era el lugar que te faltaba, a pesar que desde tu  patio solariego lo tuviste  cada día cada noche y le cantaste en tus poemas.

De pronto era un cielo de amantes y estrellas, otros  de ternuras al sol, perfumados de jazmines, de tempestades que desataban los amores transgresores o no correspondidos.

como no extrañarte, como no recordarte a cada paso, cuando las doradas hojas del otoño te traen a mi memoria, con tus desnudos pies, con tu risa contagiosa, tu vos tan sensual recitando para los amigos  a quienes recibías abriendo los brazos generosos y gozosos de pura amiga que eras.

Estás en mi corazón, amiga querida e inolvidable. Cuantas tardes de charla y libros compartidos. Cuanta confidencia, cuanta risa, cuanta nostalgia, de esos días.

Están atesorados  en el cofre de mi memoria, que lamenta tu partida, me hubieras hecho falta para darle una mirada a mi libro y decir tu opinión respetada por mi.

Te leo y releo, es una forma de homenajearte y de traerte a cada instante. Los escritores son atemporales, resucitan cada vez que los convocamos con la lectura y por suerte vos nos dejaste una linda cosecha.

Por eso, Susana  te escribo pero sin tristeza, solo digo te extraño. Pero esto sucede siempre que alguien se va de nuestro lado. Recordarte me hace bien, te devuelvo  a tu geografía con solo pensarte en el lugar donde  elegiste vivir y desde donde  partiste. Tu ciudad de Saladillo a la que amaste e inmortalizaste en El canto a Saladillo.

Junto a tus libros, que habitan mi casa habrá un ramo de flores a tu memoria y todo mi cariño y admiración al que tuve la suerte de darte sin esperar que fuera luego tarde.

Te abrazo señora de las letras querida e inolvidable Susana Esther Soba.

Marta B Macchi