Acepta tus límites

 

Todo afán de perfección tiene relación con fantasías de omnipotencia. De niño, el hombre se siente débil y desamparado, pero quisiera escapar a este desamparo que sencillamente está dado por su condición de ser humano. Una posibilidad de huir son estas fantasías de omnipotencia: que soy el más fuerte, que puedo hacer todo lo que quiero. Pero precisamente es una ilusión.

 

Aquí radica también en última instancia el pecado original: querer ser como Dios, no tener defectos, poder hacer todo lo que quiero. Éste es un intento que no conduce hacia la vida sino que distancia al hombre de sí mismo y finalmente lo expulsa del paraíso. No es la obligación de la perfección sino el reconocimiento de mi naturaleza humana y de mi debilidad el que conduce a que me sienta interiormente libre, a que realice lo que está dentro de mi poder. Se trata siempre de la tensión correcta entre el poder y la debilidad. Ambos forman parte de nosotros.

 

El hombre no es sólo débil y desamparado sino que también puede producir algo. El poder es algo positivo. Ser capaz de algo y poder realizar cosas, dar forma a la vida, constituye una parte de nuestras posibilidades positivas. Únicamente deberíamos observar siempre nuestras propias limitaciones. No puedo hacer todo lo que quiero. Debo percibir cuál es mi carácter, qué es posible para mí. Sí, es cierto, puedo llegar hasta los límites. Pero precisamente para experimentarlos y poder aceptarlos.

 

Anselm Grün