La respiración

 

La respiración profunda sirve para oxigenar bien el cerebro y para seguir viviendo con más lucidez. Nos ayuda a tomar conciencia de la realidad y a concentrarnos en este instante. Pero sobre todo sirve para incorporar el cuerpo en la oración, ese cuerpo que necesita del aire para sobrevivir, junto con el aire nuevo que aspiramos, recibamos la presencia de Dios que nos renueva. Y con el aire viciado que sale de nuestro cuerpo, dejemos que se vaya también todo pesimismo, toda pena, todo mal sentimiento.

 

Dedica un momento sólo a respirar, percibiendo con toda la atención el aire que entra y sale. Eso te ayudará a sentirte vivo, a recordar que estás vivo, y eso puede despertar nuevamente el gusto de existir.

 

Es mejor todavía si después de algunos minutos comienzas a imaginar el rostro de Jesús, lleno de ternura, y al tomar el aire piensas: “Señor Jesús”, y al soltar el aire dicen interiormente: “Ten piedad de mí”.

 

Puedes hacerlo hoy, ahora mismo, y verás que este simple ejercicio le dará un nuevo sabor a este día.

 

VMF