Aguardar con alegre esperanza

 

Pierre Teilhard de Chardin fue un hombre de esperanza. De hecho, suele criticarse su visión de las cosas por ser demasiado esperanzada. Así que, al intentar explicar la esperanza y el Adviento, me gustaría contar una historia de Teilhard: Teilhard era un científico, pero también era sacerdote y un hombre cuya visión total de las cosas estaba modelada por los evangelios.

 

 

 

Parte central de su sistema de pensamiento fue la creencia de que el final de los tiempos todo lo histórico, cósmico y humano se reunirá en Cristo, formando una comunidad de vida y amor. Sin embargo, estaba rodeado de colegas, cristianos y no cristianos, que tenían una visión mucho menos esperanzada de las cosas. Cierto día, le presentaron este desafío: “Tienes una visión soñadora de la historia y crees que todo culminará algún día en un maravilloso “reino” de paz y amor; pero imagina que los hombres destruimos el mundo en una guerra nucleas. ¿Qué pasa con tu idea de la historia entonces?”.

 

 

 

Su respuesta constituye una perfecta definición de esperanza. “Sería una gran tragedia que destruyéramos el mundo con una bomba atómica porque eso retrasaría las cosas millones de años. Pero aún así, la historia culminará un día en un reino de paz y amor; no porque así lo establezca mi teoría, sino porque así lo ha prometido Dios. En la resurrección, Dios mostró el poder que tiene para llevarlo a cabo, a pesar de todo lo que hagamos los hombres”.

 

 

 

Eso es la esperanza; el poder decir “Aunque lleve un millón de años o aún más, sucederá porque Dios lo ha prometido”. Nosotros, como Teilhard, debemos estar preparados para vivir con gran paciencia, mientras aguardamos que Dios cumpla su promesa.

 

 

Ronald Rolheiser (omi)