Confianza

 

Los creyentes que nunca le piden ayuda a Dios pueden ser muy autosuficientes o, quizás, no tengan una fe muy firme. A los que intelectualizan demasiado su fe o confían demasiado en sus propias capacidades, la súplica no les brota con espontaneidad. Los pobres y sencillos, en cambio, que saben reconocer sus límites, le piden ayuda a Dios de modo espontáneo.

La súplica llena de confianza es un verdadero culto a Dios, y si nunca nos detenemos a pedirle ayuda, tendremos que preguntarnos qué está fallando en nuestra amistad con Dios, en nuestra confianza, etc.

Lo mismo sucede en cualquier relación humana. Si no somos capaces de pedirnos ayuda cuando nos necesitamos, eso es una señal de que nuestra relación no es muy profunda, porque no nos atrevemos a apoyarnos mutuamente. Cuando un esposo no es capaz de pedir ayuda a su esposa, y prefiere buscar a su madre o a un amigo, eso indica que el matrimonio no está funcionando bien.

Si esto sucede, podríamos preguntarnos: ¿Por qué no nos pedimos ayuda? ¿Será porque nos acostumbramos a enfrentarlo todo solos, y pedir ayuda nos hace sentir débiles? ¿Será porque tenemos que sanar malas experiencias que hemos vivido cuando hemos confiado en alguien? ¿Será porque tenemos miedo de aparecer necesitados y vulnerables?

Pregúntate también: ¿Qué pasos tendríamos que dar en nuestra relación para desarrollar esa confianza mutua?

VMF