Agradecimiento

 

Dice la Biblia que Dios encomendó al ser humano que le pusiera nombres a todas las creaturas, “para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera” (Gn 2,19). Nombrar las cosas es muy importante, porque nos ayuda a prestarles atención, a valorarlas, a tenerlas en cuenta. Uno podría dar gracias a Dios por todas las criaturas, en general, pero es bueno detenerse a nombrar cada una. Así lo hace, por ejemplo, el Salmo 104, que menciona detenidamente las nubes, el mar, los montes, las fuentes, la hierba, las plantas, los pájaros, la luna. También lo hacía San Francisco de Asís, que se entretenía alabando a Dios por el sol, por el viento, por las estrellas, por el agua, por el fuego.

Cuando nos ponemos a orar, y somos capaces de dominar nuestra prisa y nuestra ansiedad, podemos dedicar un tiempo a dar gracias al Señor nombrando cada una de las cosas lindas que la vida nos regala. De ese modo nuestro corazón se vuelve positivo y comienza a disfrutar imaginando el brillo del agua de un río, el azul de un cielo despejado, el color y el calor del fuego, y cada uno de los detalles de esta vida maravillosa. De esa manera recuperamos el contacto con la realidad y nuestro agradecimiento a Dios se vuelve más sincero.

VMF