Preocupaciones

 

Cuando tu mente se llena de preocupaciones y de proyectos, esa inquietud se va trasladando a tu cuerpo. Los músculos se ponen rígidos, los hombros se tensan, los pies se endurecen, la respiración pierde profundidad. Si te das cuenta de eso, es importante que hagas algunas pequeñas pausas en tu trabajo y camines unos minutos. Afloja los hombros y la garganta. Suelta de golpe todo el aire, sopla y quédate completamente vacío, y luego toma todo el aire que puedas, despacio y bájalos varias veces. Mueve suavemente el cuello, gira la espalda hacia un lado y hacia el otro. Aflójate, aflójate, no te resistas, abandona toda resistencia interior.

Mientras tanto, recuerda que Dios te ama, permítele que acaricie tus músculos, siente que el aire que respiras es un soplo de su ternura, déjate tomar por su cariño y agradécele el don de la vida.

Si haces esas pequeñas pausas con frecuencia, evitarás muchas enfermedades en tu cuerpo y en tun interior.

VMF