Arte público

En los pasados días, la E.E.S. N° 2 de Saladillo fue víctima de un ataque a su patrimonio. En la pared del frente de la escuela, estudiantes de la misma, a partir de un proyecto de una profesora, pintaron una réplica de la obra Drago, realizada por el artista Óscar Agustín Alejandro Schulz Solari, en 1927 más conocido como Xul Solar. La obra, la segunda destruida del colegio, es lo que se denomina un bien patrimonial, no sólo perteneciente a la comunidad educativa del mismo, de la que formo parte, sino que por su ubicación pública es una responsabilidad de los ciudadanos de Saladillo.

Si bien el valor patrimonial de la obra no era incalculable, como lo puede ser el mural de un artista reconocido, o realizado hace muchos años, existe un valor real del mismo, el valor material, tanto el gasto de pintura utilizada en la creación y las restauraciones como el trabajo de docentes y alumnos que pintaron la obra. Sumado a ese valor real hay que tener en cuenta el valor que, como obra de arte en el espacio público, representa para la comunidad.

El arte público tuvo y tiene múltiples funciones, desde la más sencilla, la del embellecimiento de los espacios que ornamenta, hasta las funciones didácticas, enseñar y expresar a las personas que lo admiran distintas cosas. Drago, en especial, es una oda a Latinoamérica, pintada con una iconografía compleja, pero que fomenta la tolerancia y aceptación de las diferencias.

La anterior obra desaparecida, un mural de autoría de los estudiantes pintado en la pared lateral sobre la calle Álvarez de Toledo, fue destruida por negligencia de las personas que determinaron construir la entrada al edificio del Instituto Superior en la rampa para discapacitados. Digo negligencia, porque quiero creer que no fue una destrucción intencionada.

La costumbre de Saladillo en general, como su cultura institucional en particular, acostumbra a ser despiadada con el arte de la vía pública. Muchos recordamos el mural pintado en el Parque República del Brasil, mural que fue maltratado a tal punto que se decidió taparlo. También tuvo problemas en varias oportunidades el humilde monumento al Bombero voluntario en la plaza de la terminal.

Este comportamiento demuestra que no somos conscientes del valor que el arte da a nuestra ciudad. El mantenimiento de monumentos, murales y manifestaciones de arte en el espacio público corresponde al estado, pero la puesta en valor y el respeto por estas obras, depende de todos nosotros.

Emiliano Marcelo Clerici

Ex alumno de la E.E.M. N° 2 “Manuel Pardal” y estudiante de Historia del Arte de la Universidad de Buenos Aires.