Luz de Dios

 

Algunas personas creen que entregarse a Dios es renunciar a vivir, o es vivir menos. Como si Dios les quitara la intensidad, la fuerza, la pasión. Pero en realidad debería suceder todo lo contrario, porque Dios es pura vida, él es fuerza infinita, es entusiasmo, es la fuente de toda intensidad. Toda la vida que hay en el universo viene de él.

Por eso, San Francisco de Asís decía: “Dios mío y todas las cosas”. No es Dios o la música, sino Dios y la música. No es Dios o los amigos, sino Dios y los amigos. No es Dios o la felicidad, sino Dios y la felicidad.

Lo que sucede es que la amistad con Dios nos ayuda a vivir mejor cualquier cosa de este mundo. Sin Dios puede suceder que una amistad se vuelva posesiva, enfermiza, triste, llena de celos y desconfianzas. Pero con Dios esa amistad se purifica, deja de ser absorbente o dominadora, se vuelve más libre y generosa. Vivir algo en la presencia de Dios es bendecirlo, es sanarlo, es orientarlo para que no termine mal. Pero esconder algo de la mirada de Dios es apartarlo de la fuente de la vida y es destinarlo al sufrimiento y el fracaso. ¿Serás capaz de colocar bajo la luz de Dios todas las cosas importantes de tu vida?

VMF