Tiempo extra-ordinario

 

Como seres humanos, todos tenemos una necesidad irresistible, saludable y dada por Dios de festejar, de celebrar tiempos extraordinarios, de disfrutar el carnaval. La Navidad es un sabbath, sabática en el auténtico sentido bíblico… ¡y también el único sabático que tendremos la mayoría de nosotros! Hay épocas en la vida, y deberían ser frecuentes, sólo para el placer, para el color, para el brillo. Incluso existen ocasiones que permiten un poco de exceso, Jesús lo dejó claro cuando sus seguidores se opusieron al exceso de la mujer que lo ungió. Todas las culturas, tanto ricas como pobres, han tenido siempre sus épocas de fiesta en las que pusieron en práctica estas palabras (pronunciadas o no): A los pobres los tendrán siempre con ustedes, ¡pero hoy es día para festejar! Navidad es ese día.

 

 

 

En su maravilloso librito sobre la Navidad, John Shea cuenta la historia de una familia que un año decidió festejar una Navidad alternativa. No armaron el árbol, ni colgaron luces, ni cantaron villancicos, ni intercambiaron regalos. Se reunieron para compartir una comida simple y tranquila el día de Navidad. Cuando sus amigos les preguntaron cómo lo habían pasado, uno de los miembros de la familia respondió: “Fue agradable”. Otro miembro, hablando quizás más honestamente, dijo:  “Fue un abismo existencial”.

 

 

 

Entre los seres humanos existe una presión dada por Dios que nos compele a celebrar; y esa presión es saludable: nos mantiene conscientes de que no fuimos hechos para la melancolía, sino para más, mucho más de lo que nuestras pobres vidas pueden darnos ahora. El exceso del carnaval, del festejo, de la Navidad, nos enseñan esa lección.

 

 

Ronald Rolheiser (omi)