Miedo a la finitud

 

En la existencia de la persona está implícito un miedo básico que ni la psicología puede resolver. Es el miedo que está dado por su finitud, el miedo de no tener derecho a existir, de no poder descansar sobre sí mismo, sino de estar a merced de otros. Ninguna corriente psicológica puede eliminar este miedo básico en la persona, que sólo puede ser superado con una profunda confianza en Dios que nos ha regalado la razón de nuestra existencia, que nos ha creado por amor y que nos da la vida por su gracia.

El primer miedo es el miedo a la fragilidad de la existencia. Y la persona intenta zanjar este miedo sujetándose firmemente a muchas cosas, a sus posesiones, a su éxito, pero por sobre todas las cosas, a las personas. Se aferra a la persona amada y espera de ella la protección absoluta, el apoyo absoluto. Pero, de este modo, lo único que logra es seguir cayendo en el miedo, porque nota que ninguna persona le puede dar el apoyo absoluto. Todos somos mortales, todos tenemos nuestras debilidades. Sólo Dios nos puede dar protección absoluta. Nos carga en sus brazos y nos sostiene. De sus brazos protectores y amorosos, jamás nos caeremos. Nos cumple nuestro anhelo de apoyo absoluto. Una persona podrá significar para nosotros un símbolo de esta protección absoluta. Y sólo cuando la vemos como símbolo y mediador del amor infinito de Dios, podremos regocijarnos con la protección que nos brinda y disfrutar de ella sin miedos.

AG