Miedo a la pequeñez

 

Otro miedo es el miedo a la pequeñez de la existencia. Y uno busca superar ese miedo pretendiendo demostrarse a sí mismo su valía, trabajando mucho, rindiendo aún más, pero también cumpliendo al pie de la letra todas las obligaciones religiosas.

Uno quiere demostrarse a sí mismo, a los demás y también a Dios su valía. Queremos atraer nuestra atención a nosotros de tal modo que nadie nos pase por alto. Queremos cumplir nuestro deber ante Dios a conciencia y de tal modo que no le quede otra cosa más que recompensarnos. Pero aún sintiendo la mayor ambición, no somos capaces de superar este miedo ante nuestra pequeñez. Por el contrario, percibimos que nuestra acción no atraerá al otro hacia nosotros. Y notamos que amás logramos cumplir la exigencia de ser siempre perfectos y mejores que los demás. De este modo, nos esforzamos al máximo y nos sometemos constantemente a presión. Nos tensionamos y nos contraemos. Sólo con la fe, podremos superar el miedo a la propia futilidad. En la fe, nos damos cuenta de que somos valiosos ante Dios sin necesidad de hacer cosas, que, sencillamente, somos valiosos por ser, y tan valiosos que Dios se preocupa tanto de nosotros que hasta tiene su morada en nosotros.

AG