Miedo a lo amenazante

 

El último miedo del hombre es el miedo ante miles de cosas que lo amenazan. Teme el sótano oscuro, tiene claustrofobia, miedo a comer alimentos contaminados, miedo a los ladrones, miedo a tener un accidente. Una parte de estos miedos es totalmente normal. Pero muchos se enfrascan en tales temores. La fe nos libera también de este miedo. Nos muestra que, en el fondo, no nos pasará nada. La fe nos muestra que ya hemos superado la muerte, que se esconde detrás de todas estas amenazas, que ya vivimos del otro lado del umbral. Porque, por el bautismo, ya participamos de la vida eterna, ni la muerta podrá separarnos de Dios. Podrá sumergirnos aún más en Él. Porque habitamos en Dios, nadie podrá destruir nuestra morada.

La pregunta es cómo adquirir esta fe y esta confianza. ¿Podremos sencillamente proponérnoslo? Ciertamente no. Sin embargo, la confianza crecerá si meditamos cada vez más y de forma consciente en el encuentro con Jesús. No podemos persuadirnos a creer. Pero todos tenemos la intuición en nosotros de que esta fe nos podría liberar. La meditación de las historias bíblicas de curación hace crecer esta fe en nosotros. Sólo debemos identificarnos con el enfermo y decirnos: ése soy yo, y este Jesús está vivo hoy y viene a mi encuentro en la Eucaristía en cuerpo y sangre. Me mira, confía en que soy capaz. Dejo que Él actúe en mí, me entrego a este encuentro con Él. Permito que me tome, que me toque; y su fuerza y su vitalidad comienzan a fluir en mí.

AG