Alegría y dolor

 

 

En esta vida no existe la alegría clara y pura. Experimentamos una mezcla de cosas. Como dijo Henri Nouwen, cada trozo de visa está tocado por un trozo de muerte. En toda satisfacción hay una limitación;  en todo abrazo hay una distancia; en todo éxito encontramos el miedo a la envidia; detrás de cada sonrisa hay una lágrima.

 

 

 

Debido a esta extraña paradoja, todos los acontecimientos de la vida de Cristo y de la nuestra son experimentados con sentimientos encontrados. Por ejemplo, cuando la Virgen María, una joven madre, se encuentra con Simeón en el Templo, él la mira y le dice: “Este ni{o será causa de caída o resurrección para muchos. Será una señal de contradicción, mientras que a ti una espada de atravesará el corazón”. ¡Qué frase más interesante para decirle a una joven madre! Nosotros también hemos experimentado cosas parecidas. Muchas son las madres que lloran en la boda de sus hijas, a pesar de que se trata de una ocasión de alegría. También a ellas una espada les atraviesa el corazón.

 

 

 

La alegría y el dolor son parte esencial de lo que significa ser humano. De acuerdo con los términos bíblicos, el ser humano puede definirse perfectamente como un ser de alegría que vive en el dolor. Y, al final, eso es lo que nos separa del resto de la creación. La paradójica conexión entre la alegría el dolor nos orienta hacia la eternidad. Cristo no nos promete una vida sin dolor en esta tierra, sino una alegría final que nadie nos podrá arrebatar.

 

 

Ronald Rolheiser (omi)