Obedecer los sueños

 

En el Nuevo Testamento los sueños desempeñan un gran papel, particularmente en San Mateo. El nacimiento de Jesús está acompañado de sueños. José se entera en sueños de que su prometida había concebido del Espíritu Santo. En sueños se le revela qué había ocurrido y qué debía hacer. Y José obedece. Recibe a María. Para él el sueño no es un conocimiento que no compromete sino un conocimiento que lo obliga a actuar.

 

Cuando el Divino Niño hubo nacido, los Magos de Oriente se pusieron en camino para adorarlo. También ellos obedecen a sueños, relacionándolos con la astrología y sus conocimientos de historia. Así pues llegan a su meta. La estrella les indica el camino y ellos preguntan en Jerusalén por el niño. Cuando lo encuentran, se postran y lo adoran. En sueños reciben de Dios el aviso de volver a su caso por otro camino. Y ellos obedecen, tal como lo hace José, a quien nuevamente se le aparece un ángel para decirle que huya a Egipto. Y obedeciendo a otro sueño, José regresa a Israel. Así pues el nacimiento de Jesús estuvo rodeado de puros sueños. En sueños José reconoce el misterio de María y el misterio del Divino Niño. Y los sueños le indican el camino que hace recorrer obedientemente. Vale decir entonces que los sueños obligan. Los sueños quieren incidir en la realidad de la vida.

 

José obedece a sus sueños; en cambio Pilato no atiende al sueño de su mujer, la cual atestigua que Jesús es inocente y lo exhorta a no meterse con ese justo. El juicio no puede probar si Jesús es culpable o no. Pero el sueño lo indica con claridad.

 

A. G.