Papel de los sueños

 

En San Lucas, sobre todo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, los sueños desempeñan un gran papel. En un sueño se le indica a san Pedro que debe admitir en la comunidad cristiana hombres de extracción pagana, y que las leyes judías no tienen para ellos una validez absoluta. Su sueño “constituye un punto de inflexión en la historia de la misión en la Iglesia primitiva”. Por naturaleza, san Pedro se siente severamente obligado al pensamiento judío; y por eso se niega a tener trato con paganos. Entonces Dios le habla en sueños. Le muestra algo parecido a un gran lienzo en el cual había toda suerte de cuadrúpedos que los judíos consideran impuros, diciéndole: “Levántate, Pedro, sacrifica y come”. Ante la resistencia de Pedro, la voz del sueño le dice: “Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano”. El sueño vence su resistencia. San Pedro se levanta y va a Cesarea con los mensajeros del centurión pagano Cornelio, a quien bautiza allí. San Pedro menciona el sueño como fundamentación de su proceder. Esta historia señala la gran importancia que se daba a los sueños en la Iglesia primitiva. El sueño decide el curso de la misión. El sueño vence las resistencias humanas y despeja el camino para la acción de Dios en los hombres que por naturaleza son de miras muy estrechas. El sueño les amplía sus horizontes impulsándolos a acciones nuevas.

 

Esto mismo se pone de manifiesto en la visión nocturna de san Pablo. En sueños se le aparece un macedonio diciéndole: “Pasa a Macedonia y ayúdanos (Hch 16,9). Y Pablo acepta la invitación porque está convencido de que Dios lo ha llamado a proclamar allí el Evangelio. Así pues, confiando en un sueño, comienza la misión en Europa. Una decisión de tal envergadura en la historia de la misión no fue tomada en virtud de cálculos tácticos sino de un sueño.

A. G.