Hablar con Dios en voz alta

 

 

Y preguntémonos luego dónde podría estar la dracma en nuestra casa, dónde buscarla, o adónde deberíamos dejar entrar a Dios para que Él nos la señale.

 

El místico alemán Juan Taulero decía que en las crisis de nuestra vida Dios mismo entra en nuestra casa para buscar la dracma. Y procede como una mujer que corre los muebles y alza las sillas para encontrar la dracma. Quizás la dracma esté justamente allí donde nos hemos instalado con la mayor comodidad.

 

Una vez que hayamos meditado sobre nuestra casa delante de Dios y orado por esta intención, tratemos de hablar media hora con Dios en voz alta. Presentémosle y expliquémosle a Dios nuestra casa. Y luego preguntémosle a Dios qué tiene que decirnos al respecto.

 

Tratemos de imaginarnos que Dios está aquí y ahora realmente presente. Digámosle entonces todo lo que se nos ocurra. Pero preguntándonos a la vez lo siguiente: ¿Cuál es la verdad de mi vida? ¿Cuál es realmente mi situación? ¿Qué cosas que hasta ahora siempre he conservado en secreto debería decirle finalmente a ese Dios? ¿Adónde debería dejar entrar a Dios, para que ilumine todas las habitaciones de mi casa con su luz? Mantengamos esa oración en voz alta durante media hora, aun cuando al cabo de 10 minutos preferiríamos callar. Si no sentimos a Dios, digámoselo. Si no sentimos a Dios expresemos nuestro disgusto delante de Él. No es sencillo orar en voz alta. Pero quizás al hacerlo experimentemos que esa oración nos introduce en la verdad. Y sólo la verdad nos hará libres. Al comienzo de sus ejercicios les deseo un buen diálogo con Dios; que Dios mismo pueda empezar a iluminar y habitar la casa de ustedes con su amor y misericordia.

 

A. G.