Odila, una docente con vocación

El 30 de Septiembre de este año fue el último día que Odila dio clases. Había empezado a gestionar su jubilación hacía un par de años, pero su trámite se demoró. Por eso fue que en varios actos de cierre del ciclo lectivo escuchó alguna palabra de despedida que le dedicamos, o recibió algún anticipado (después supimos que había sido “anticipado”) ramo de flores.

No hay muchos docentes de la ciudad que la conozcan, porque siempre dio clases en Adultos, en “DINEA”, como algunos siguen nombrando al CENS, y no en otras escuelas. Ejerció la docencia en el mismo lugar donde obtuvo su título secundario, antes de estudiar el profesorado de Biología en 25 de Mayo.

Lástima que no todos los docentes sepan de ella. Lástima, también, que no todos los alumnos hayan participado y disfrutado de sus clases. Por eso hay que decirlo con todas las palabras: En tiempos en que los profesores no nos sentimos o no somos valorados en muchas situaciones, en tiempos en los que prima el pragmatismo por sobre los valores, Odila fue una verdadera autoridad dentro del aula, y lo seguiría siendo si volviera a trabajar; no porque le temieran, sino porque la respetaban.

Elegante, justa, organizada, correcta, solidaria y amable, supo siempre estar atenta al lado más humano de sus alumnos, a sus necesidades, a sus dificultades y a sus logros.

Es en su vida como lo fue en las aulas. Y aunque lamentamos (principalmente porque dejó de estar todos los días con nosotros),  que se haya jubilado, aplaudimos con alegría que esté disfrutando de esta nueva y esperada etapa.

Cristina Sarubbi.