Callar y escuchar

 

En los ejercicios espirituales Jesús habla a solas con nosotros, apartándonos de la multitud, del bullicio de nuestra vida cotidiana, de la cantidad de personas que están continuamente en torno de nosotros requiriendo nuestra atención. En griego se dice “kat idian”, lo cual puede significar también recibir en su casa, acoger. En los ejercicios Jesús nos quiere invitar a su casa, para que moremos allí con Él. Nos acoge en su corazón para que allí descubramos lo que Dios quiere obrar en nosotros. Jesús verdaderamente nos dispensa un tratamiento especial. Puedo estar a solas con Él; y Él se dirige solamente a mí. Me recibe en su escuela y quiere curar mis heridas, las heridas de la sordera y la mudez.

 

Porque a menudo soy sordo para lo que Dios quiere decirme. He tapado mis oídos de tal modo que la suave voz de Dios no puede llegar a mí. Un padre me relató que cuando está trabajando en el escritorio no escucha el llanto de su hijo. Así pues solemos estar tan ocupados con nosotros mismos que no escuchamos el llamado de Dios. Entonces tampoco escuchamos lo que Dios nos quiere decir justamente mediante nuestro prójimo. Sólo escuchamos lo que nos corrobora, pero no lo que nos cuestiona. No escuchamos los tonos intermedios en los cuales el prójimo nos está dando a entender su verdadero problema. Escuchamos ciertamente las palabras, pero no a la persona, a su corazón que clama por ayuda.

 

Y somos mudos. Quizás he enmudecido porque los otros no me comprenden, porque no me dejan desahogar. Quizás se ha abusado de mi confianza y así se me ha reducido al silencio. O he enmudecido en relación con Dios porque mis palabras no fueron escuchadas. O sello mis labios porque tengo miedo de revelar mi verdad delante de los hombres o de Dios. Prefiero así esconderme detrás de muchas palabras, incluso piadosas, para que nadie pueda darse cuenta de cómo me va realmente.

 

A. G.