Verdadero éxito

 

El éxito no tiene que ver con lo que mucha gente se imagina. No se debe a los títulos académicos que tenés, ni a la escuela donde estudiaste. No se debe a las dimensiones de tu casa o de cuántos autos duermen en tu garaje. No se trata de si eres jefe o subordinado. No tiene que ver con el poder que ejerces, con la tecnología que empleas ni con la ropa que usas. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo.

El éxito se debe a cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se refiere a cuánta gente ayudas, a cuánta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. De si tus logros no hieren a tus semejantes. Es sobre si usaste tu corazón tanto como tu cabeza, si fuiste egoísta o generoso, si amaste a la naturaleza y a los niños y te preocupaste de los ancianos.

Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuántos te siguen, sino de cuántos realmente te aman. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar.

Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser mejor y no de tener más.