Nuestro espacio de silencio

 

 

Nuestra oración ha de hacerse en lo oculto; lo cual no sólo quiere decir que no hay que hacerla ante la mirada de todo el mundo. Lo oculto significa más bien el aposento interior al cual hemos de entrar. Orar significa ingresar al aposento del propio corazón y cerrarle allí las puertas al bullicio del mundo. Orar es algo muy íntimo. Acontece en el espacio más recóndito de nuestra alma. Allí encontramos a Dios, quien mora oculto en nuestro corazón. En nosotros existe un ámbito de silencio al cual no tiene acceso el mundo, al cual no puede entrar el ruido de nuestros propios pensamientos. Es el espacio donde Dios mismo habita en nosotros. Y allí donde Dios mora en nosotros se acallan nuestros pensamientos, se acallan los autorreproches, los sentimientos de enojo, la crítica dirigida contra otros, el descontento, la amargura, la ambición, el cálculo. Allí se hace perfecto silencio en nosotros.

 

Y allí realmente nos liberamos del poder de este mundo, del poder de los hombres con sus expectativas y pretensiones, con sus juicios y condenas. Orar significa no sólo hablar con Dios sobre nuestra vida, preguntarle si la vida que vivimos es como debe ser. Según las palabras de Jesús, orar significa también, y mucho más, entrar en el aposento interior del silencio y ocultarnos allí ante el bullicio del mundo, para estar a solas con Dios, para encontrar a Dios que mora en ese espacio oculto de nuestra casa, para descansar en Él.

 

A. G.