Reconociendo a Dios en la creación

La fenomenología distingue entre existir y ser. el paisaje existe independientemente de la palabra. Pero si no se expresa el paisaje en palabras, sino se le canta, tan sólo existe. Pero cuando hablo con alguien del paisaje, cuando lo alabo, cuando le canto a través de la poesía, se vuelve real para mí y para los demás. Sólo la palabra de alabanza despierta la vida que se esconde detrás del paisaje. Así, la alabanza del Creador, que cantan los  monjes en sus oraciones corales, permite que la belleza de la Creación resplandezca a los ojos de las personas. La palabra de la alabanza se convierte, de este modo, en partícipe y guardiana de la Creación de Dios. Seguramente, la mayor dignidad de la alabanza de Dios sea que la palabra creadora de Dios se realiza en sí misma y que la Creación se perfecciona en la respuesta de alabanza que dan las personas conmovidas por la gracia divina.

Quizás, algunos piensen que todo esto es exagerado. Pero cuando las personas pasan por un convento y saben que allí, día tras día, se alaba a Dios, el mundo se transforma ante sus ojos. pueden verlo con los ojos de la fe, pueden darse cuenta de que trata de la maravillosa Creación de Dios. Quien, por doquier, sólo vea la destrucción del medio ambiente, será ciego para reconocer a Dios en la Creación. Y quien tan sólo use el mundo para sí, se perderá la oportunidad de descubrir el misterio de la Creación, en la cual puede experimentarse a Dios mismo. En un convento benedictino, no solamente se le canta a la Creación, también se la representa con todo su esplendor en magníficas iglesias, con la celebración de la Liturgia. Aquí se desarrolla la imaginación y la creatividad para celebrar dignamente la belleza de Dios.

A. G.