Viviendo plenamente el momento

La libertad y la unidad son los dos objetivos más importantes de una vida atenta. También son los dos anhelos más profundos de la persona, a los que san Benito quiere darles una respuesta con su Regla. El monje debe despertar del sueño de la falta de libertad para vivir vigilante y atento. Y deberá dejar la dispersión y la enajenación y regresar a Dios, con quien se sentirá verdaderamente en casa, con quien podrá ser plenamente aquel que vino de Dios. Deberá ser uno consigo mismo, con su verdadera esencia y, al mismo tiempo también deberá ser uno con Dios, con las personas y con la Creación. La atención y la vigilancia describen el arte de estar presente en el instante, de ser uno consigo mismo, de ser uno con lo que estoy haciendo en este momento, con lo que estoy tocando en este momento, con lo que me estoy relacionando en este momento.

Ese anhelo de ser uno era una característica de los griegos. Los griegos sentían la necesidad de la persona en la discordia, en el tironeo entre las diversas necesidades y emociones. La persona siente dentro de sí tantos deseos y tiene tantos pensamientos que muchas veces no tienen relación entre sí. No puede juntarlos. Por eso, se siente desgarrado, dividido, partido. El camino para salir del desconcierto es el camino de la atención. Consiste en estar plenamente presentes en el instante, estar plenamente presentes en el movimiento, en la respiración, en cada uno de los sentidos. Si estoy plenamente presente en mi cuerpo, en mis sentidos, y si, en este estado, paseo por la naturaleza, me sentiré uno con todo, con la Creación y, allí, con Dios y con todas las personas que son parte de esta maravillosa y misteriosa Creación.

A. G.