Misticismo y eros

El misticismo y el eros van de la mano. Pero también están siempre en tensión entre sí. No podemos eliminar esta tensión. A veces amenaza con desgarrarnos. Pero si nos reconciliamos con esta tensión, que es inherente a nuestra condición humana, Dios podrá colocar la escalera en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Esta escalera nos abrirá las puertas del Cielo y nos conducirá hacia Dios, como cuenta la historia de Jacob. Después, tanto nuestro cuerpo con su sexualidad como nuestra alma con su infinito anhelo serán los peldaños de la escalera por la que subiremos a la cima del amor de Dios, por la que se nos regalará con la experiencia del éxtasis de la entrega a Dios.

Sin el peldaño del cuerpo, sin la fuerza de la sexualidad y sin la fantasía del eros, la escalera que conduce a Dios se derrumbará. Cada peldaño de esta escalera que lleva a Dios podrá resistir el peso cuando una el cuerpo y el alma, el eros y el misticismo, la sexualidad y la trascendencia. Dios mismo, nos dice san Benito en su Regla, nos mostró con la escalera de Jacob una imagen de cómo podemos unir el eros y el misticismo entre sí. Dios ha unido nuestro cuerpo y nuestra alma, nuestra sexualidad y nuestra trascendencia para que el Cielo se nos abra sobre nosotros y para que desciendan y asciendan los ángeles. En la experiencia mística, el Cielo se abre sobre nosotros, y podemos echar un vistazo del Dios que viene con nosotros, que nos envuelve con su amor y que le obsequia a nuestra vida algo nuevo.

A. G.