Directo al grano. La disminución de la siembra de trigo afectará a la economía local

En el partido de Saladillo la cadena de valor del cultivo de trigo está conformada por los productores locales que producen este cultivo y por los vendedores de semillas y fertilizantes, contratistas de siembra y cosecha, transportistas y todos aquellos que brindan un servicio de manera directa o indirecta.
En cada campaña genera un movimiento económico realmente significativo dado que, al ser cosechado a fin de año, da el “oxígeno financiero” necesario para pagar sueldos, aguinaldos y otras erogaciones. Por tal motivo un menor ingreso o la postergación de ventas inciden negativamente en la economía de las comunidades de las zonas de producción.
Este año, al igual que en la mayor parte de las zonas de producción de trigo del país, en el Partido de Saladillo se ha registrado una importante disminución de la superficie de suelos sembrados con el cultivo.
Según explican los técnicos del Nodo Regional Saladillo «Oscar Alvarado» “la reducción en el área sembrada no es casual y surge como consecuencia de la incertidumbre para la comercialización y de la pérdida de precio que sufrió el cultivo en los últimos años”.
Las regulaciones para poder exportar trigo provocan descuentos en el precio que reciben los productores, por lo que no resulta posible producirlo, ya que es capaz de generar quebranto a aquellos que obtienen un rinde promedio.
La disminución de la producción de trigo sobre la economía local demanda menor trabajo a los contratistas y transportistas, lo que implica menos reparaciones y por lo tanto una caída de la venta de repuestos y en los comercios en general. Al generarse una menor disponibilidad de recursos económicos provenientes de la cosecha, se ven afectados además rubros como gomerías, estaciones de servicio, bancos, proveedores de insumos, técnicos agrónomos, acopiadores y laboratorios de semillas, entre otros.
Asimismo, por esta pérdida de área sembrada, “el agroecosistema también se resiente, dado que el trigo hace un aporte importante al cuidado y al uso sostenible de los recursos naturales y en particular del suelo”, señalan los técnicos del Nodo.
Datos de la cadena de valor:
Diez años atrás, la cosecha nacional de trigo fue de 16,9 millones de toneladas y la producción mundial, de 626,7 millones. En el último ciclo, la Argentina produjo 12,5 millones de toneladas (26% menos), mientras que el mundo alcanzó los 726,4 millones (16% más). Para la siembra de este año, en nuestro país, se pronostican caídas adicionales importantes. Esta reducción de la producción que se registra, con altibajos, en los últimos años en nuestro país es consecuencia de la respuesta de los productores a las malas condiciones de rentabilidad y a medidas restrictivas del comercio del cereal, que determinaron que en la actualidad cerca del 35% de la última cosecha continúe sin venderse por no encontrar compradores. Ante esa realidad, muchos productores han optado por no sembrar trigo en 2015, lo que perjudica la vida económica de las comunidades pampeanas y disminuye el ingreso de divisas para el país.
En un estudio realizado por los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) se observó que, desde el ciclo comercial 2007/8 al 2013/14, se comercializaron 86,2 millones de toneladas de trigo, de las cuales, por las restricciones comerciales impuestas, el 56 por ciento se negoció por debajo del valor que correspondería haber pagado mensualmente en el mercado argentino. Dentro de ese volumen (48,2 millones de toneladas), el 23,4 por ciento se vendió a valores menores al 70 por ciento del precio de paridad, en tanto que el resto se comercializó con precios que representaron entre el 70 y el 90% del valor teórico correspondiente. Se refleja así el alto impacto en los ingresos de los productores de las restricciones cuantitativas a la actividad comercial triguera.