Un estilo de vida sano

 

Quien se entregue a través del tiempo a un orden diario sano, podrá experimentar lo bien que le hace tanto al cuerpo como al alma. El ora et labora benedictino significa, finalmente, que una vida espiritual sana no es posible sin un estilo de vida sano. El estilo de vida sano se refiere a la correcta distribución del tiempo, pero también a la forma en que hacemos las cosas esenciales de nuestra jornada. Se refiere, por ejemplo, a la postura corporal durante el trabajo. ¿Estamos tensos o sabemos cuál es nuestro centro desde el cual trabajamos? ¿Qué pensamientos y sentimientos nos acompañan mientras trabajamos? ¿Les damos rienda suelta o, conscientemente, los modificamos de manera positiva? ¿Estamos conectados con Dios durante el trabajo o estamos en cualquier otro lado con nuestro corazón? ¿Estamos presentes plenamente en el instante o dispersos, distraídos?

 

 

El estilo de vida se refiere, además, a los rituales con los que organizamos el día. Hay ritos sanos y ritos nocivos con los que damos forma a nuestro día. Está el rito nocivo de mortificarse por las mañanas, cuando nos esforzamos por salir de la cama y por deglutir a toda prisa el desayuno. También está el rito saludable de levantarse conscientemente, comenzar el día con una breve oración y de alegrarse por todo lo que se hace a conciencia. En nuestros ritos personales, encontramos nuestra identidad, pues allí nos sentimos cómodos, en casa.

 

 

Una vida espiritual sana exige una forma clara, un estilo de vida sano. De lo contrario, estamos demasiado a expensas de nuestra voluntad y nos sentimos sobreexigidos permanentemente. La vida espiritual necesita una forma en la que puede desplegarse, y no necesita de nuevos cambios de voluntad con los cuales la persona, a menudo, acomete contra sí misma con violencia y, luego, deambula, muchas veces con permanente cargo de conciencia. La mala conciencia no es buena consejera espiritual. Un estilo de vida sano permite que la vida espiritual crezca y, así, cura el cuerpo y el alma.

 

Anselm Grün