La enfermedad como camino

 

Las causas más frecuentes del origen de una enfermedad son la in­hibición de agresiones y la inhibición del placer y de las necesida­des. Nos enfermamos por no relacionarnos bien con nuestras agresiones, con nuestro deseo de placer y con nuestras necesidades. Un ascetismo mal entendido, que está muy difundido entre los cristianos es, a menudo, el culpable de estas inhibiciones. Uno se prohíbe el placer y las necesidades. Cuando uno no admite una necesidad, ésta puede hacer su propia justi­cia a través de la enfermedad, de una manera más bien secreta. Por ejem­plo, cuando una mujer se sacrifica constantemente por su familia y no se permite su necesidad de atención y ternura, podrá, inconscientemente, obtener por la fuerza que se satisfaga su necesidad a través de la enfer­medad. Entonces su marido deberá ocuparse de ella, y los niños no po­drán exigirle nada. Será atendida y se la tendrá en cuenta. De forma ci­frada, le ha comunicado a su familia su necesidad de atención y de tran­quilidad ante las expectativas de los demás. A ciertas personas no les que­da otra salida que la enfermedad para expresar su deseo de atención o también sus limitaciones. En este sentido, la enfermedad puede ser de ayuda. […]

 

 

 
En enfermedades psicosomáticas no debería buscarse la culpa en el en­fermo, ni reflexionarse sobre dónde tiene problemas psíquicos, sino que la enfermedad debería ser el motivo para indagar en la conciencia. ¿En qué lugar soy culpable de su enfermedad? ¿Me comporté frente a él de tal modo que no le quedó más solución que enfermarse y mostrarme con su enfermedad sus verdaderas necesidades que, hasta el momento, no las tu­ve en cuenta? Debo cuestionarme seriamente si las personas que me ro­dean se enferman y, en todo caso, por qué se enferman. En una familia, la mujer se enferma con frecuencia cuando no tiene la posibilidad de vi­vir sus necesidades. Pero también la enfermedad del hombre puede expre­sar algo sobre la relación de pareja o sobre la situación reinante en la fa­milia.

 

 
Anselm Grün